Confesiones<blink><font color="#FFFF00"><br>Hay un momento en la vida en que todo hace "click"...</font><blink><br>
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<br><img src="myfiles/atrevete/IMG_10671.jpg" width="720" height="320" class="imgcen" />
<br>Algunas cosas sobre mi
2009-07-05T16:14:22+00:00
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Fotografíathe-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thingConfesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2009/07/05/padres-e-hijos-amigos-o-enemigosPadres e hijos: ¿Amigos o enemigos?2009-07-05T16:14:22+00:002009-07-05T16:14:22+00:00
<p>Resumen de ideas tras la lectura del libro</p>
<p>¿Qué es lo que debemos esperar de nuestros hijos? ¿Cuál el objetivo al que dirigir nuestro esfuerzo como educadores? Si no tenemos una respuesta, las víctimas somos nosotros. Por arrojarnos sin herramientas a la épica tarea de educar a nuestros hijos. Por abdicar de la misión que -queramos o no- tenemos como padres, que es la de cambiar el mundo. "No podemos culpar a los padres por sus deficiencias. Nadie les enseñó cómo debían proceder; ellos son también víctimas del desconcierto y conflictos generales". Pararse y pensar la respuesta es un comienzo para ese cambio.</p>
<p>La educación de nuestros hijos es una aplicación concreta de la convivencia humana: la manera acertada de educarlos coincide punto por punto con la manera acertada de tratar a las personas. Venimos de una tradición de siglos en la que la educación se limitaba a aplicar la técnica del premio/castigo; es decir, a aplicar las técnicas de dominación propias del ejercicio del poder y se basaban, por tanto, en relaciones de dominio. Esa es la dinámica que nos toca romper. Somos el puente tendido entre el pasado y el futuro. Sólo de nosotros depende poder visualizar un mejor futuro para nuestros hijos, que debemos construir a partir de un cambio, hoy, de los principios y de la forma de educar que heredamos de nuestros padres. Romper con los principios que sostuvieron la educación de nuestros padres. Aplicar nuevos principios de dignidad, respeto, esfuerzo, preparación, pacto... Cambiar también las formas, los métodos.</p>
<p>El libro no habla de valores morales, ni se refiere a la ética o filosofía de la educación; "sólo nos interesa lo que sienten los niños y por qué están mal educados". "La educación de los hijos es hoy una empresa heroica, casi una obra de arte. Sin una gran resolución y empeño por dominar las herramientas de este oficio no podremos tener éxito". Leer este libro ha sido en mi caso reflejo de ese empeño.</p>
<p>Comienza el libro analizando los objetivos que persigue el niño. Hasta la edad de los diez o doce años estos objetivos son fáciles de identificar; el primero de ellos lo conocemos bien en su manifestación: llamar la atención. Entender la causa de este afán, así como las desviaciones que su insatisfacción puede producir en nuestros hijos es esencial. ¿Qué hay detrás de ese constante impulso por llamar nuestra atención? Limitarnos a responder sin llegar al origen del problema -"los niños son así", "se aburren", "simplemente necesitan llamar la atención"- refleja nuestra incapacidad por entender un aspecto tras el que subyacen, si no todos, sí gran parte de nuestros defectos como educadores. ¿Qué hay entonces detrás de esa innata, constante e inquebrantable necesidad por llamar nuestra atención? La respuesta es tan natural y comprensible como esperanzadora: su natural e irrefrenable deseo de convertirse en actores de nuestro mundo, en protagonistas positivos del entorno del que les hacemos partícipes desde el momento en que decidimos traerles al mundo. Si fracasamos en nuestra misión de prepararles, de ayudarles a ser parte útil de nuestra familia y de nuestro entorno, si les privamos de su capacidad de convertirse en agentes esenciales de nuestro mundo y de cambiarlo, mejorándolo, es que no hemos entendido nuestra misión como padres.</p>
<p>El único modo de que el niño pueda sentirse aceptado es que pueda contribuir al bienestar de los miembros de más edad de la familia. Esa contribución es lo que le dará su verdadero puesto y valor social. El niño es naturalmente propenso a ser constructivo y creador mientras se vea capaz de obtener logros. Alimentar esa visión es parte esencial del trabajo.</p>
<p>El libro se detiene en analizar qué ocurre cuando, por diversas circunstancias, el niño no consigue alcanzar ese natural deseo de ser útil en su entorno. Por ejemplo, muchas veces el niño llegará a la conclusión de que molestando consigue atraer sobre sí una atención que de otra manera no logra. Aparecen así cuatro tipos de comportamiento (activo-constructivo, activo-destructivo, pasivo-constructivo y pasivo-destructivo) que me han parecido esclarecedores, porque de una u otra manera, en uno u otro momento, distingo en estos tipos aspectos que veo en mis hijos o en los de mi entorno (por ejemplo, se habla del "niño modelo", del niño excesivamente escrupuloso, del niño precoz, del niño payaso, del niño impertinente, del niño propuesta, rasgos como la inconstancia, el encanto, la vanidad, la timidez, la falta de autonomía y el desorden, la falta de concentración y aguante, ansia de placeres y de superficialidad, la angustia y el miedo, dificultades de la nutrición, defectos del habla...).</p>
<p>Cuando fallan los esfuerzos del niño por alcanzar su puesto dentro de la sociedad mediante las llamadas de atención, aparece una nueva fase en la que se manifiestan otras actitudes, tales como la lucha por la superioridad y el dominio, y la venganza o la retirada (se analizan aquí actitudes como la fuerza y la brutalidad, la terquedad, los ataques de genio, los malos hábitos, la masturbación, mojar las sábanas, la pereza, la imbecilidad, la incapacidad o pasividad empedernidas). Con la referencia a trastornos más severos, como las neurosis o psicosis termina esta parte del libro dedicada a analizar el comportamiento de los niños.</p>
<p>Comienza a partir de aquí una segunda, quizá más útil en el día a día, que es el de los métodos educativos eficaces. ¿Cuál es la meta de un método educativo eficaz? Conseguir que el niño desarrolle un buen sentido comunitario. ¿Cómo? Tres principios: 1) Aprender a fomentar en el niño el respeto del orden y de las convenciones sociales; 2) Aprender a evitar los conflictos y disensiones con el niño; y 3) Aprender a aportar al niño constante ánimo y estímulo. Estos son los principios que debemos tener siempre presentes; se desarrollan con cierto detalle, por lo que su lectura me ha parecido muy útil.</p>
<p>Pero con eso no basta: sabemos hacia dónde debemos enfocar nuestros esfuerzos, es decir, qué es lo que queremos conseguir, pero... ¿cómo hacerlo? Es evidente que además de principios que seguir, necesitamos un repertorio de ideas, un manual que poder utilizar en el día a día. Descendemos por fin a lo práctico. ¿Qué aportación encontramos?, ¿cuáles son esos métodos? No sé si enumerarlos aquí defraudará a quien espere descubrir grandes secretos, pero a mí me ha reconfortado verlos sistematizados: a) Observar; b) Reflexionar; c) Adoptar una actitud correcta; y d) ¡Actuar! Lo mejor: el detalle -las ideas concretas- que encontramos a partir de esta segunda parte del libro. Hay quien duerme junto a la biblia. Yo tengo ahora este libro en mi mesilla, junto al despertador y el vaso de agua. Pongo algunos ejemplos de cada apartado. Empecemos por la observación: ¿cuántos de nosotros somos capaces de volver a sentir -de verdad- lo que sentíamos cuando éramos niños y vivíamos bajo el techo, bajo la vigilancia y la autoridad de nuestros padres? ¿Alguien recuerda aún el sentimiento de inferioridad o de inseguridad propio de esta condición? ¿Podemos ser buenos padres sin volver la mirada atrás y comprender, recordando eficazmente, lo que es ser hijo de unos padres más mayores, más fuertes y más sabios que uno mismo? Comprender al niño significa comprender la naturaleza humana; es posible conocer a una persona intuitivamente, pero el conocimiento lúcido y razonado de una individualidad sólo puede lograrse a través del conocimiento sistemático de su desarrollo y formación. Pretende el libro en este punto captar la íntegra personalidad del niño y su estructura fundamental, que persiste a través de todas las edades de la vida.</p>
<p>Eso no es todo: la información o adquisición de los conocimientos precisos debe ser sólo uno de los objetivos; el otro es el desarrollo de la propia personalidad de los educadores: los mismos padres somos como niños muchas veces -niños-problema- que también deben ser educados. El problema, claro, es que no es tan fácil influir sobre los padres como sobre los hijos. Ese es otro de los retos: los padres debemos, y podemos, aprender a conocernos; por ejemplo, superar la falta de confianza en nosotros mismos -si es que es ese nuestro problema- si queremos poder adoptar ante nuestros hijos una actitud más equilibrada y serena. Si estamos contentos de nuestros hijos y queremos mejorar nuestra eficacia educadora, debemos trabajar en mejorarnos. Debemos estar dispuestos a aceptar, nosotros mismos, las obligaciones morales que imponemos a nuestros hijos.</p>
<p>¿Qué hay del último punto: "Actuar"? ¿Cómo debemos actuar para conseguir los objetivos -los tres principios básicos- que nos proponíamos? Uno de los métodos más eficaces es dejar que el niño descubra o sufra las consecuencias de sus actos, en su caso de su mal comportamiento. En mi opinión este es uno de los puntos clave: aquél en el que más y mejor debemos avanzar para trabajar un mejor futuro para nuestros hijos; veo aquí uno de los grandes problemas de la educación de nuestros hijos actualmente, y por tanto una gran oportunidad de mejora para el futuro: la híper-protección de los padres debe terminar; en la práctica ello anula la capacidad de nuestros hijos para madurar y hacerse con su vida. Pero no sigo por aquí, vuelvo al tema del libro.</p>
<p>Otros métodos educativos eficaces: descubrir el oculto motivo tras la actitud del niño, y ponérselo de manifiesto, pactar reglas entre todos los miembros de la familia y aplicarlas a través del "consejo de familia", etc. Se habla también de situaciones especiales tales como los preparativos antes del nacimiento, la lactancia, el destete, la educación del aseo y de la limpieza, la primera independencia, saber vestirse, aprender a hablar, lavarse, la comida, ayudar en los trabajos de casas, el niño destronado, convivencia con otros niños, la escuela, enfermedades infantiles, accidentes y compasión, educadores "sin invitación", información sexual, tratar a los niños conforme a su edad, pubertad y progresiva autonomía de los padres. Por último un útil decálogo de los errores educativos más frecuentes: creer que el niño no necesita atenerse a un orden, dejarse arrastrar a una lucha con el niño o desanimar o abatir al niño.</p>
<p>Un principio fundamental para el correcto mantenimiento de las relaciones humanas es el respeto de la dignidad recíproca. Todos los errores educativos son consecuencia de la lesión de esa regla fundamental de colaboración. Los padres que no respetan al niño le deprimirán, le defraudarán y le protegerán en exceso. Por otro lado, si son demasiado indulgentes, vilipendiarán su propia dignidad y no se granjearán el debido respeto al dejar que el niño les domine, convirtiéndose en esclavos del niño. La gran variedad de errores educativos puede, en todo caso, reducirse a no hacer la debida cuenta de la dignidad del niño, o a no tener el debido respeto a la propia dignidad. El resultado de esa desconsideración son esas tan frecuentes como perjudiciales oscilaciones entre la violencia y la excesiva indulgencia.</p>
Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2009/06/02/la-pasion-del-poderLa pasión del poder2009-06-02T22:13:55+00:002009-06-02T22:13:55+00:00
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<p class="MsoNormal">Resumen de ideas tras la lectura del libro</p>
<p class="MsoNormal">El poder hunde sus raíces en lo más profundo de la naturaleza humana. A través del poder pone el hombre sus recursos al servicio de sus grandes quimeras: el deseo de afirmación del propio yo, el deseo de reconocimiento y vinculación social (el éxito), y el puro deseo de disfrutar, de gozar de los placeres de la vida. Tal vez por eso el término poder asocia fundamentalmente connotaciones negativas: ¿Cuántos poderosos no son esclavos de la necesidad de alimentar su ego con el continuo e insano borbotear de sonrisas, buenas palabras y actitudes serviles? ¿Cuántos de ellos no terminan prisioneros de las seductoras caricias de pequeños o grandes lujos a su alrededor? ¿Cuántos de ellos son capaces de resistir la natural tentación de expandirse, de dilatar su yo, de ensoberbecerse hasta el punto de olvidar que su poder no es originario, ni responde a los designios del más allá, sino a una función social concreta, controlable y finita? En todas las manifestaciones del poder cabe reconocer estas características que son, por tanto, inherentes al ejercicio de toda forma de poder.</p>
<p class="MsoNormal">Me parece importante distinguir los dos niveles en los que cabe estudiar el fenómeno del poder: el individual, por una parte, y el social, por otro. Si bien en ambos, como digo, cabe apreciar estos rasgos caracterizadores del poder hay una fundamental diferencia entre ellos: el ejercicio del poder a nivel social o político es necesario, imprescindible para organizar nuestra convivencia y disfrutar de nuestra vida en sociedad; por el contrario, no encuentro legitimación para justificar el ejercicio del poder a esa otra escala “micro” o individual. La finalidad del estudio del poder en uno y otro ámbito debe ser distinto: en el nivel político, mi aspiración al analizar los mecanismos del poder es entenderlo para controlarlo y valorarlo en su justa medida; mi objetivo al analizar el poder en el ámbito individual, en el familiar, en el amoroso, en el laboral, es descubrirlo para combatirlo.</p>
<p class="MsoNormal">En uno y otro caso es necesario entender cómo funciona el poder. El libro distingue tres niveles en la evolución del ejercicio del poder: de un primer nivel, en el que el poder es pura fuerza, mera imposición coactiva del propio deseo, se pasa a un segundo nivel: una forma más sutil de ejercerlo, indirectamente, simbólicamente, esto es, actuando sobre los sentimientos y las creencias de aquellos a quienes se pretende dominar; finalmente, en un tercer nivel, nos encaramamos en lo alto de nuestro edificio intelectual para buscar allí ese principio original, constituyente, que legitima socialmente el poder político.</p>
<p class="MsoNormal">El nivel más interesante es el segundo, el ejercicio indirecto del poder, que ejerce el poder por la vía de modificar nuestros sentimientos y creencias. Se modifican nuestros sentimientos utilizando eficazmente el premio y el castigo; pero también con sutiles técnicas de refuerzo como la seducción o el liderazgo; no nos equivoquemos: un líder con carisma utilizará su habilidad para atraer nuestros sentimientos a su causa; debemos estar alerta ante estas eficaces fórmulas de dominación: al fin y al cabo nuestros sentimientos (naturales “avisadores” ante situaciones de potencial amenaza u oportunidad) quedan aquí expuestos, por lo que deberemos interponer nuestra razón y prevenirnos de esas seducciones interesadas dirigidas a nuestra línea de flotación sentimental con fines mucho menos espirituales... En cuanto a nuestras creencias, el libro analiza muy bien aquellas formas de dominación que actúan tratando de anular nuestra voluntad. ¿Cómo? Atacando (i) nuestros deseos o proyectos; (ii) nuestra propia creencia acerca de la realidad; y (iii) nuestra propia capacidad para enfrentarnos con los problemas; así, por ejemplo, estrategias tales como despertar un deseo o una necesidad que antes no teníamos (y que sólo esa persona puede saciar), o adoctrinar ideológicamente o moralmente, o imponer modelos de conducta que reflejen la identidad de un líder al que se debe seguir… Me parece muy interesante la referencia a los procedimientos de “lavado de cerebro”, que sufrimos en situaciones mucho más habituales de lo que podamos pensar.</p>
<p class="MsoNormal">Vuelvo a las dos esferas en las que puede ejercerse el poder, la esfera personal y la social o política. En mi opinión, del abuso del poder en la esfera personal nos salva, primero el conocimiento, es decir, nuestra capacidad para reconocer las técnicas de dominación insana que sobre nosotros pueden ejercer nuestros más cercanos y, segundo, nuestra autonomía, que evita dependencias y nos permite encontrar alternativas viables a una potencial situación de sometimiento. En la esfera política por el contrario, del ejercicio arbitrario del poder nos salva fundamentalmente la noción de control, así como el juicio de legitimidad (que se desarrolla en la última parte del libro). Me ha sorprendido no encontrar referencias al mecanismo de control político por excelencia que es la separación de poderes (aunque sí hay referencias a otros contrapoderes, como los creadores de opinión, que al final cumplen una función similar). También me ha sorprendido no encontrar referencias a otras nociones que creo explican bien la limitación al que debe someterse todo poder, como el concepto de representación o de delegación y mandato. Esta idea de limitación del poder público me parece especialmente importante en momentos como los que vivimos actualmente. ¿No es necesario replantear los límites de un poder ejecutivo que, en la práctica, se ha impuesto contundentemente sobre todos los demás? ¿Puede la función de representación de los intereses de los ciudadanos depender de un solo hombre, que directa o indirectamente controla a su partido, a su grupo parlamentario y por ende también a los principales órganos del poder judicial? Por otra parte, ¿pueden aspectos esenciales tales como la propia capacitación u honestidad del candidato a presidente del gobierno quedar al arbitrio de sistemas de elección propios de la dinámica interna de los partidos? Siempre me ha llamado la atención la gran preparación a todos lo niveles que se pide a los primeros ejecutivos de una multinacional, por ejemplo, en contraposición al currículum que deben mostrar nuestros presidentes de gobierno, cuyo perfil para el puesto queda siempre en un segundo plano, encapsulado en la burocracia de los grandes partidos, en definitiva, absolutamente fuera de nuestro control ciudadano.</p>
<p class="MsoNormal">Dos últimas ideas:</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpFirst"><span><span>a)<span> </span></span></span>El libro se centra en otras dos manifestaciones del poder: en las relaciones amorosas, incluyendo la familia, y en el trabajo. ¿Es acertado configurar las relaciones amorosas como campo en el que se manifiesta el poder? En mi opinión, no. Es cierto que surgen relaciones de poder en la pareja o en la familia, pero como sucede en cualquier otro ámbito de la acción humana. La cuestión no es, en mi opinión, si pueden darse relaciones amorosas no contaminadas por tensiones de poder, sino si pueden llamarse tales (amorosas) relaciones no basadas en las ideas de madurez, respeto y pacto; ninguna de ellas admite el desequilibrio propio de la relación de dominación, por lo que en mi opinión no es posible hablar de relaciones amorosas si existe ejercicio directo o indirecto del poder por parte de uno de los miembros hacia el otro. En la relación amorosa el ejercicio del poder, al igual que la pérdida del respeto mutuo o del deseo recíproco, degradan la relación y, por tanto, tarde o temprano, acaban con ella: una relación de pareja contaminada por relaciones de poder no es tal.</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle"> </p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle"><span><span>b)<span> </span></span></span>La última idea del libro se refiere al fundamento último poder político, es decir, a la creencia de que dicho poder es legítimo. Es una gran ficción, pero una ficción necesaria: la que sirve para fundamentar nuestros principales valores. Parece lógico: si nuestros valores más sagrados son construcciones intelectuales (los derechos del hombre y del ciudadano, por ejemplo) también deben serlo sus más elevadas ficciones legitimadoras. Sin embargo, no eludamos la fragilidad que este hecho esconde: si todo nuestro sistema de valores descansa en una gran ficción ¿quiere ello decir que nuestro sistema de bienestar, nuestra sociedad, el futuro de nuestros hijos, descansa en definitiva en una gran “creencia”? ¿Y si, por una u otra razón, por ignorancia o despiste, simplemente dejáramos de creer…? Antes el fundamento estaba en Dios, o en un derecho natural externo al hombre y previo, superior a él mismo. Pero no nos engañemos, detrás de estas ficciones no hay nada. Miento, está el intelecto del hombre y su asombrosa capacidad para crear símbolos que acaban por convertirse en dogmas, en creencias indiscutidas e indiscutibles para los propios hombres.</p>
<p class="MsoListParagraphCxSpMiddle"> </p>
<p class="MsoListParagraphCxSpLast">Me parece muy interesante la última parte del libro: no demos por hecho que la cómoda sociedad en la que vivimos “es lo que hay”, una realidad inmutable que heredamos de nuestros padres y que disfrutarán nuestros hijos por los siglos de los siglos. No es así. La realidad es mucho más frágil, y el horror, la brutalidad que la naturaleza del hombre esconde, está mucho más cerca de lo que aparenta. Conozcamos la realidad de nuestros fundamentos para defender lo que tenemos y para que nadie nos termine dando gato por liebre. Este sistema que nos ha dado derechos no lo ha hecho por arte de magia; tampoco el umbral de subsistencia, la seguridad social, los cauces de acceso a la cultura y a la tecnología, a la educación, a la libre empresa, a los recursos, al transporte, a la medicina, al ocio, a la intimidad, al disfrute libre de nuestra propia persona, al respeto a lo diferente…, nada de eso es obra del destino; por el contrario, todo descansa en unos fundamentos de legitimación del poder político que hemos creado porque necesitabamos partir de un punto de salida incuestionable. Valoremos lo que tenemos, desde el conocimiento de su naturaleza, y de lo que podemos sufrir si lo perdemos. Y no dejemos que nadie nos lo arrebate frívolamente. Pero tampoco sacralicemos estos principios, ni nos creamos nuestra ficción más allá de lo conveniente. Las intromisiones de la brutalidad y de la barbarie, del terror, en nuestras sociedades deben servirnos para reforzarnos, para entender lo que sería nuestra vida sin este estado de garantías que hemos creado. Seamos conscientes de lo que tenemos para mejorarlo. Garanticemos el futuro de nuestros hijos y blindémonos aún más, construyendo sobre bases de cultura y ética, legitimando aún mejor nuestro sistema. Conozcamos nuestras ficciones, revisémoslas, reforcémoslas en sus principios, y contrastémoslas constantemente con la realidad. Teoricemos, y ajustemos constantemente la teoría a la realidad vital del hombre, a esa otra gran –maravillosa– ficción humana, que es el “sentido común”. </p>
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Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2009/05/16/la-educacion-del-caracterLa educacion del carácter2009-05-16T08:03:23+00:002009-05-16T08:03:23+00:00
<p>LA EDUCACIÓN DEL CARÁCTER<br />Resumen de ideas tras la lectura del libro</p>
<p>La educación del carácter propone que eduquemos a nuestros hijos en los grandes valores y virtudes humanas.</p>
<p>El libro cuenta la experiencia de la educación del carácter en colegios Norteamericanos, en los que tales valores son explicitados de forma clara, tanto en asignaturas (o parte de ellas) en las que específicamente se tratan esos temas, como indirectamente a través de himnos, lemas, concursos, etc. Sin embargo, me sorprende que sea precisamente en Estados Unidos donde haya que mirar para encontrar referencias de un movimiento de la educación del carácter: ¿no es Estados Unidos el paradigma de la libertad y del individualismo?, ¿no es la americana una sociedad especialmente desarraigada y desenraizada, en la que la familia brilla por su ausencia? ¿O es precisamente por ello por lo que allí surge, y en realidad lo que demuestra es fuerza e inteligencia de una sociedad que reacciona ante sus propios defectos?; ¿no es al fin y al cabo inteligente centrar esfuerzos y recursos en lo más valioso -nuestros hijos- y un signo de vitalidad saber discutir y compartir unos valores, principios y virtudes, y aceptarlos comúnmente?</p>
<p>Simplificando, educar el carácter significa educar la cabeza, el corazón y el comportamiento. Educar la cabeza es desarrollar la aptitud para comprender lo que me rodea, elegir algo bueno y después hacerlo, en todos los ámbitos de la vida, en definitiva, ayudar a adquirir una buena "sabiduría práctica". Educar el corazón significa sentir amor hacia lo bueno y rechazo hacia lo malo, ya sea mío o del prójimo (empatía). Educar el comportamiento significa enseñar a hacer bien las cosas, ir paso a paso, con fe, con constancia (a través de hábitos, rutinas) para poder terminar consiguiendo lo que se quiere hacer.</p>
<p>¿Hay educación del carácter en España? Yo diría que en absoluto; al menos no en el sentido que creo que interesa: una cosa es que en nuestras casas, o en las aulas, nuestros hijos sigan, por imposición de los padres, del centro o de los profesores, unas determinadas normas de comportamiento comúnmente aceptadas (no empujarse, no gritar, respetar turnos, etc.), y otra muy distinta entender la importancia de valores tales como el respeto, la constancia, el esfuerzo o la generosidad. No es lo mismo imponer unas reglas dirigidas a crear un hábito de comportamiento que indirectamente apunta a una virtud que explicitar tal virtud y hacerla comprensible a nuestros ojos y los de nuestros hijos. Definir es entender, y enseñar entregar herramientas para utilizar lo que se aprende. Para empezar, ¿sabemos los adultos definir nuestros grandes valores y virtudes? Si la respuesta es que no, difícilmente podremos enseñar nada útil al respecto a nuestros hijos o alumnos. El libro recoge al final una referencia a la experiencia en colegios españoles y deja caer -si me equivoco, que alguien me corrija por favor- que, en la práctica, la educación del carácter está presente en España. Mi sensación es la contraria: no puede decirse que se enseña algo que ni siquiera se sabe expresar -a las entrevistas que vienen al final del libro me remito.</p>
<p>Una referencia muy interesante en el libro es la que se contiene en el capítulo del papel de los padres en la educación del carácter, la transcribo completa por su interés:</p>
<p>"Nunca en la historia ha ocurrido que una sociedad se destruya a si mismo, y esto es lo que está ocurriendo en estos momentos en muchas naciones porque parece que se ha olvidado el trascendental papel que juegan las familias en el desarrollo social, y otras instituciones, públicas o privadas, tratan de suplirles en sus obligaciones (...) Las instituciones públicas tienen demasiada influencias y nos enseñan cómo se debe actuar en cada momento, de manera que, al final, las familias acaban perdiendo su verdadero papel de protagonistas en la sociedad pues todo se lo dan hecho y, además, de manera gratuita.</p>
<p>Ante esta situación actual es frecuente que muchos padres abdiquen de la principal tarea como educadores de sus hijos (y la deleguen) en los colegios y en las parroquias. Por eso, cuando surgen los problemas no los asumen como algo que les incumbe directísimamente, sino que más bien tratan de quitarse esta responsabilidad delegándola en otras personas, en lugar de asumirla personalmente. Por eso resulta frecuente que cada vez surjan, en la sociedad actual, nuevos programas y se preparen personas especializadas en dichas cuestiones familiares, fuera del propio ámbito de la familia.</p>
<p>Este modo de proceder ha provocado muchos de los problemas actuales y han hecho que la sociedad se convierta en un "gran hospital" con la necesidad de solucionar todas las dificultades que la familia no sabe acometer. Se acude continuamente a los psiquiatras, psicólogos, educadores, asistentes sociales, para buscar las respuestas que los padres no pueden o no saben dar a cuestiones que aunque no son complicadas, ellos se sienten incapaces de resolver por si mismos".</p>
<p>La pérdida de referencias morales básicas está en la base de la desorientación que sentimos porque, tanto individual como socialmente, hemos perdido la guía que supone saber lo que está bien y lo que está mal. Muchas deben ser las causas de esta pérdida de referencias en cuanto a principios y valores comunes, pero posiblemente la más importante radica en la pérdida de la función "moralizadora" de la familia. Aunque esto no lo dice el libro, creo que en países como España tal función era pura religión: en una sociedad esencialmente pobre y débil intelectualmente la familia era la base de un mero acatar ciertos principios que venían impuestos por la religión -no discuto ahora que esos principios fueran buenos o no, tan solo me centro en el hecho de que existían. Por otra parte, haber entrado en esta dinámica de crisis de la familia puede ser también positivo: ¿no vivimos ahora la oportunidad de redefinir dichas referencias morales, las virtudes en las que creemos y que queremos que definan nuestro comportamiento y el de nuestros hijos en el futuro al margen de la religión?</p>
<p>Dos puntos más que me han interesado del libro:</p>
<p>a) El programa CORE VIRTUES adoptado al parecer en 400 colegios americanos, y que consiste en un método de enseñanza basado en hablar de una virtud cada mes, tanto en el colegio como en la familia, con lecturas de apoyo -buena literatura infantil o juvenil- en las que tales virtudes sean resaltadas. Me parece una idea tan buena que me gustaría probar en casa: qué mejor manera para un niño que aprender las características de una virtud leyendo historias de héroes o personas que las encarnaron.</p>
<p>b) Las consideraciones finales: maravillosa lección sobre la utilidad del fracaso en la formación del carácter, sobre su gran potencial de cara al éxito personal. Los educadores tiene la grave responsabilidad de enseñar a pensar y animar a hacerlo continuamente a sus alumnos para evitar el riesgo de "borreguismo", de que nuestros hijos hagan las cosas porque las hacen los demás (es decir, para no pensar). Con ello, también para que asuman las consecuencias del fracaso. Nadie puede decir que no fracasa nunca, o que fracasa pocas veces, sino que el fracaso va ligado a la limitación de la condición humana; por eso, quienes triunfan en la vida no es porque no fracasen, sino porque han aprendido a superar esos pequeños y constantes fracasos. Triunfar es aprender a fracasar y, por el contrario, el mayor de los fracasos es dejar de hacer cosas por miedo a fracasar.</p>
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Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2009/03/29/escribir-salvarnosEscribir para salvarnos 2009-03-29T12:07:50+00:002009-03-29T12:20:47+00:00
<p>He aceptado enfrentarme a un grupo de jóvenes de 14 años en un colegio público de Madrid bajo un programa de voluntariado. El objetivo del programa es animar a los jóvenes a que no dejen los estudios.</p>
<p>He vuelto la mirada atrás para tratar de ponerme en situación y entender cómo piensan hoy los jóvenes de esas edades: si tengo que hablarles, tendré antes que saber cómo llegar a ellos. Sin embargo, advierto con desesperación que ya no me acuerdo de cómo era yo a mis 14 años, de lo que pensaba, de lo que quería, de lo que sentía a aquella edad. De repente, una etapa de mi vida por la que yo mismo había transitado, lenta, parsimoniosamente, en sintonía con la forma en que transcurre el tiempo en ese momento de la vida, quedaba cerrada a mi propio querer entender; un bloque de hormigón entre mi cerebro y mi deseo de comprender, mi capacidad de recordar...</p>
<p>Busco entre mis recuerdos, mis papeles. Descubro un cuaderno pequeño azul, y al abrirlo leo:</p>
<p><em>"Hoy, dia de mi cumpleaños empiezo un diario, a mis 14 años. Me he levantado como casi todos los días a las 8:15 y nada más despertarme..."</em></p>
<p>El diario continúa durante todo un año. Parece mentira, había olvidado por completo su existencia. Y pienso en él, en lo terrible que es el olvido, en lo personal, en lo colectivo... Es evidente, escribir nos salva.</p>
<p>Finalmente dí aquella clase...</p>
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Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2009/02/08/feFe2009-02-08T00:06:40+00:002009-03-29T12:15:00+00:00
<p>Bueno, ha llegado el momento. Aquí estoy otra vez. ¿Por cuánto tiempo...? qué más da. Lo que me alegra es volver a sentir remolinos en el estómago y un cierto 'vacío' al pensar en lo que tengo delante. Comprobar que en mi vida lo esencial sigue haciendo 'click'!</p>
<p>Empecé este blog cuando me di cuenta de que necesitaba 'curarme', y más adelante, al visualizar la salida, tuve que darme un respiro, centrarme y..., poner toda la carne en el asador. Ahora, por fin, puedo volver a leer; vuelvo a poder escribir: aaaah!! Me siento fresco, mentalmente libre, al fin!!</p>
<p>Una pesada carga, arrastrada durante... ¿cuántos años? ¿Cuándo empezó todo...? Qué se yo, ni me acuerdo,...a mis catorce, en el instituto...? no sé, a veces pienso que deberían prohibir -deberíamos prohibirnos- ciertas cosas. Pero bueno, nadie nos promete un mundo bueno cuando nacemos..., el mérito es más bien poder hacer de él el mejor mundo posible, no es así? ¿No es lo importante salir adelante, hacerse cargo de la propia vida, responsabilizarse, asumir los errores -si es que los hubo- y tratar de cambiarlos, construir a partir de ellos, avanzar? Despacio, pacientemente, pero sin pausa, buscar nuestra oportunidad, sin descanso, con fe...</p>
<p>No condeno la religión por basarse en la creencia sino porque confunde su objetivo: la meta de la fe no debe ser dios, sino nosotros mismos. Creer en nosotros mismos, confiar: ¿no es al fin y al cabo la fe parte de la solución...?</p>
Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2008/04/07/hola-otra-vezHola otra vez!!2008-04-07T22:19:45+00:002008-04-07T22:19:45+00:00
<p>Después de año y medio sin pasar por aquí, me entra la melancolía, escribo durante media hora, cuidando la prosa, mimando la sintaxis, doy las gracias a la coctelera por mantener todo como estaba hace año y medio, le doy a guardar y me pierde toda la redacción, diciendome que temporary unavailable.</p>
<p>Se me olvidaba lo ingrato que era esta parte del ser un blogger...</p>
Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2006/10/18/aniversarioAniversario2006-10-18T17:45:42+00:002007-11-06T07:19:59+00:00
<p>Ultimamente el blog no me llama tanto. </p>
<p>Me hace recordar un pensamiento que tuve por primera vez hace muchos años y que podría formularse más o menos así: <em>"antes que escribir sobre la vida, prefiero vivirla"</em>. </p>
<p>Y es verdad. Al escribir dejamos este mundo y entramos en otro distinto, lejano, un <em>meta-mundo</em> en el que gobierna el cerebro o tal vez el espíritu: la fantasía, la inteligencia, la emoción son su caldo de cultivo y en él es difícil conectar con otras almas. Por eso, lo físico, el contacto humano, la experiencia de lo que llamamos la vida real se contrae en ese <em>meta-mundo</em> y una parte de nosotros sufre cuando escribir se convierte en algo necesario, un hábito, una forma de vida. No sé si fue Borges el que dijo <em>"yo he leído mucho, pero he vivido poco"</em>. </p>
<p>Tal vez por eso, porque estos días me balanceo entre dos mundos, el que ahora dejo y el que comenzaré dentro de muy poco, olvido el blog. No me llama tanto. A veces incluso tengo la sensación de <em>"bicho raro"</em> cuando me imagino escribiendo en la red. </p>
<p>Hoy he vuelto a entrar. Y he visto la fecha, 18 de octubre: el despertar de este blog. </p>
<p>¿Una señal? </p>
<p>Tal vez. Posiblemente lo más honesto sería poner aquí el punto y final. Ha sido un año maravilloso -duro, por supuesto, pero maravilloso-, y desde luego cierro una etapa. O mejor dicho, empiezo otra: eso sí, con el mismo afán con el que ataco un vaso de agua cuando estoy loco de sed...</p>
<p>¿Lo pienso realmente? </p>
<p>Echo un vistazo a la página. Me gusta. Miro la foto y pienso en terminar. Pero siento algo en mi que se resiste. No se por qué. </p>
<p>O tal vez sí. </p>
<p>Creo que lo que no me gusta de poner el punto y final tiene que ver con la leyenda del título. Efectivamente. Deseo con todas mis fuerzas que nunca pase este momento de mi vida en que todo hace "click".</p>
Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2006/09/29/aquel-barAquel bar2006-09-29T18:19:03+00:002007-11-06T07:16:25+00:00
<p>Siento una punzada en el estómago, pero tardo un poco en darme cuenta. Cuando la atiendo, siento como se expande en mi interior igual que una bomba de estrellitas juguetonas repentinamente activada. Mi corazón se acelera un instante, y juraría que mis labios dibujan una leve sonrisa. Me siento inmensamente feliz. </p>
<p>Miro de repente a mi alrededor y veo el lugar: un bar aparentemente insulso en el que nos citamos a escondidas una de las primeras veces. Las mismas bombitas en la parte alta del estómago: morirme de deseo durante la semana para, por fin el jueves, tenerte unos minutos, unas horas tal vez: y flotar a solas contigo, tenerte toda para mi: poder mirarte sin disimulo hasta desgastarte: hablar -¡si, hablar, contarte, escucharte, entreverte...!-, sin interrupciones, disfrutando de tus secretos, de tus provocaciones, de tus recetas para atraparme, para interesarme, para embelesarme, y sentirte cerca de verdad, hasta besarte de repente, y embriagarme con tu olor, y perderme en tu pelo –¡dios mío, tu pelo…! <em>“Vuelcos continuos”</em>, decías tú. <em>“Bombitas juguetonas estrelladas contra mis entrañas”</em>, pienso ahora yo: bombitas de perfume que explotaban de repente, como hoy: susurros que se activaban por la noche, desvelándome, igual que esta noche: las mismas expansiones de energía que liberaban hasta el infinito mis sentidos y tatuaron en mi vida tu presencia para siempre... Exactamente igual que hoy. Lo mismo siento ahora: hoy que paso casualmente por aquí y veo nuestro bar, hoy que cambio mi dirección habitual de ida al trabajo para recoger el certificado de vida laboral que me piden en el nuevo puesto...</p>
<p>¿Queeeeé...? </p>
<p>Lo vuelvo a pensar y las estrellitas juguetonas vuelven a propagarse: el corazón se me acelera de nuevo un momento, y meneo la cabeza mientras trato de asumir la gran noticia...</p>
<p>Estoy emocionado! </p>
<p>Cambio de vida!</p>
<p>Os quiero a todos!</p>
Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2006/09/22/dentro-media-hora-Dentro de media hora...2006-09-22T12:02:33+00:002009-02-25T17:55:48+00:00
<p>¿Atacado...? Más bien ilusionado. We´ll see...
</p>
Confesioneshttp://s3.amazonaws.com/lcp/atrevete/myfiles/IMG_116065x65.jpghttp://atrevete.lacoctelera.net/post/2006/09/21/portada-hoy-del-mundoPortada de hoy del Mundo2006-09-21T13:08:11+00:002007-11-06T07:15:34+00:00
<p>Un compañero del trabajo vocifera casi a diario en contra del gobierno. Hoy, en concreto, sobre la <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2006/09/21/espana/1158797010.html">noticia de portada</a> de El Mundo. No me gusta el ruido que acompaña a la política. De hecho, no suelo leer periódicos ni ver telediarios. Pero hoy, por diversión, decido entrar al trapo.</p>
<p>Leo desapasionadamente la noticia y los informes periciales a los que se refiere. Saco las siguientes conclusiones:</p>
<p>1- En el domicilio de un "supuesto terrorista" con nombre de perro (Haski) y "presunto instigador" del 11-M, encuentran una extraña sustancia ("polvo de color blanco") llamada acido bórico. Esta sustancia solo se ha encontrado en otros dos registros policiales: (i) un registro que se hizo en 1999 en Madrid (al parecer no relacionado ni con ETA ni con el terrorismo), y (ii) un registro que se hizo en un piso franco de ETA en 2001.</p>
<p>2- Hay 2 informes periciales (firmados por peritos distintos) que analizan la muestra. <a href="http://estaticos.elmundo.es/documentos/2006/09/21/acidoborico21m.pdf">El primero de ellos</a> está firmado por 3 peritos con fecha 21/03/2005, y en él aparece el resultado de una serie de pruebas técnicas hechas sobre la muestra. <a href="http://estaticos.elmundo.es/documentos/2006/09/21/acidoborico22m.pdf">El segundo informe</a> está firmado por otro perito distinto, tiene fecha 22/03/2005, y en él aparece el resultado de otra serie de pruebas técnicas sobre la misma muestra. El número de referencia de ambos informes es el mismo. Por tanto, parece que alguien en el Ministerio ha querido "ocultar" el primero sustituyendolo por un segundo. Ahora bien, el segundo informe está firmado por un perito distinto. Por tanto, entiendo que más que manipulación ha habido ocultación de un informe y sustitución del mismo por un segundo.</p>
<p>3- El "Resultado" de ambos informes es el mismo: que el polvo blanco es acido bórico (posiblemente, no sin cierta decepción de los peritos...).</p>
<p>4- Los informes contienen además un apartado de "Observaciones". En este apartado el segundo de ellos no dice nada. Por el contrario, el primero (el ocultado) dice que el ácido bórico en relación con hechos terroristas solo se ha encontrado en el domicilio del Haski, y en los otros dos registros (1999 y 2001), y que los firmantes ignoran su verdadera aplicación en hechos terroristas, por lo que aventuran que podría utilizarse como conservante o ocultador de explosivos. Pero en una frase verdaderamente diabólica (reto a quien quiera a que analice su sintaxis y su total desconexión semántica respecto de la primera parte de la frase) el informe termina diciendo que lo anterior "lleva a la posibilidad" de que los autores "estén relacionados entre si" o "hayan tenido un mismo tipo de formación" o "sean los mismos autores". </p>
<p>Esto es todo. </p>
<p>Mis conclusiones:</p>
<p>1- El responsable de la ocultación del primer informe debe responder, ya que con independencia de las normas internas (si es que las hay...) que determinen quién canaliza la asignación de peritos, registro de documentos, envío a los jueces, etc., parece claro que al menos éticamente se ha procedido de forma incorrecta.</p>
<p>2- Me parece que la última frase de Observaciones del primer informe (la que establece una posible conexión con ETA) es, como decía, diabólica. Si los peritos ignoran la aplicación de ácido bórico en actos terroristas, la única conexión posible deriva del hecho de haberse encontrado esa misma sustancia en un piso franco de ETA en 2001 (no de su utilización en actos terroristas). Y logicamente, el hecho de que en un piso de ETA se encontrase esa sustancia no significa que, a lo mejor, no pudiera haberse encontrado en el piso de cualquier otro delincuente no relacionado con el terrorismo. Por ejemplo: busco acido bórico en San Google: "El ácido bórico es un polvo blanco e inodoro, o una sustancia cristalina, disponible en muchos productos farmacéuticos que se venden sin receta médica para uso tópico, como antiséptico o en forma de supositorios" y se utiliza para "infecciones por levaduras" y "herpes bucal". Y digo diabólico porque el perito habla de "posibilidad". Nos ha jodido, claro que es posible, pero ¿es probable? Es decir, ¿qué probabilidad hay de conexión entre los terrositas de ETA y el Haski por el mero hecho de encontrar ácido bórico en casa del Haski y en un registro de un piso franco de ETA en 2001? ¿Y en el resto de registros de pisos francos de ETA que ha habido a lo largo de toda la historia del terrorismo de ETA en los últimos 30 años? Si no había ácido bórico en todos esos otros registros, por qué encontrarlo ahora en casa del Haski es indicio relevante de la conexión?</p>