La llamada de Silvia
Me jode que me fastidien la siesta.
Cuando sonó mi móvil aquel lunes de agosto lo dejé sonar, incluso cuando ya me había despertado. Me había olvidado conectar el contestador y aquel desgraciado repetía la llamada cada pocos minutos.
Decidí contestar, pero no pude moverme. El botellín de Mahou de litro que me había metido entre pecho y espalda antes de la siesta me lo impedía. Al incorporarme, me repitieron los berberechos. Traté de que mi voz reflejara cierta lucidez:
- Dígame.
- Querría hablar con el señor Torres.
- Sí, soy yo, ¿en qué puedo ayudarle?
- Mire, mi nombre es Silvia Malpensa y llamo de parte de Rosario Villaroy.
- Ah si, Rosario –respondí sin tener ni idea de quién era Rosario.
- Querría exponerle mi problema y saber si usted podría ayudarme. Según me ha dicho Rosario, usted es un buen investigador.
Sin titubear le contesté que me gustaba pensar que mis clientes así lo creían.
- Perfecto. Me gustaría hablar con usted en persona, odio el teléfono ¿sabe?
Y sin mayores prolegómenos, acordamos vernos a las diez de la mañana del día siguiente.
Luego me quedé pensando en qué fue lo que me había llevado a desaprovechar la oportunidad de dejar clara la situación desde el principio. Y es que una cosa estaba clara: yo no era la persona que Silvia Malpensa estaba buscando.

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... y me quedo con esta