¡Sacúdeme...!

¡Así, en la cara! ¡Más fuerte! Hasta que te mire ¡Haz que me fije en tí!

Sácame luego de aquí. Tira de mi, arrástrame fuera de mi mundo. Vuélveme del revés. Dame celos. Ensártame con ellos. Con tu mirada. Con tu cadera. Con tu pelo... Destrózame, a poquitos, durante años. Durante mil días, mátame. Con tu risa. Inunda mi corazón con ella, todos los días, y oblígame después a guardarla, a ahogarla por las noches con mi almohada, para que no salga, no despierte a mi mujer... Y entonces, hazme llorar, enloquecer, no entender nada, y desearte, desahogarme con tu ausencia.

Y un buen día...

cógeme,

despacito,

ya sin prisa,

y seréname...

Dame días. Cóseme a la vida. Átame a mi mismo. Engrandéceme, también a poquitos...

Dame hijos. Dame besos. Dame vida...

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Esta noche, en un desvelo, me he acercado, mientras dormías, y te he susurrado al oído:

"Gracias, cariño por darme...

un poco de tregua..."