La verdad es que he alucinado tanto con la calidad de las respuestas a mi pregunta sobre sexo, que no puedo dejar de dedicar un post exclusivamente a recapitular lo que de ellas se desprende.
Trataré por tanto de poner un poco de orden en lo que ya valoro como grandes avances en la resolución de mi gran duda (¡¡¡agradecidiiisimo, por cierto!!).
Refresco la pregunta:
¿Por qué gusta (entiendo que a los hombres, que son quienes mayoritariamente consumen porno) ese final de escena en que el hombre eyacula en la cara de la mujer? Mi duda es exclusivamente esa: ¿De dónde surge esa atracción?, es decir, ¿por qué gusta VER esa imagen, y en su caso, LA IDEA de practicarla (otra cosa es que se haga, o no)?
Como bien se desprende del enfoque de Selene, nos movemos en el mundo de la FANTASÍA sexual (tal vez, ana, la palabra “violación” no describe bien lo que quería decir: hay mujeres que tienen, o han tenido en algún momento de sus vidas, la FANTASÍA de tener sexo con varios hombres a la vez, es decir, de ser “violadas” en el sentido más light/fantasioso del término).
¿Qué hay, por tanto, detrás de esa fantasía sexual que hace que a los hombres nos guste ese “final”?
Yo creo que Maite centró muy bien el tema desde el principio, al hablar de esa fantasía como una manifestación del dominio inconsciente que a los hombres LES GUSTA (hablamos de fantasías…) ejercer sobre las mujeres. Según esta teoría, al ver esas imágenes brotarían desde nuestro subconsciente, en forma de excitación sexual, reflejos de ese primitivo ansia nuestro de dominación sobre la mujer.
Laluzenmi da el gran salto, al decir que estamos, sobre todo, ante un ritual de violencia sublimada equivalente a un bofetón o un latigazo. Brillante, desde luego, ya que el bofetón necesita siempre una cara (otras escenas de sexo -la doble penetración, por ejemplo, a la que él mismo se refiere- también permiten acudir a esta idea de dominación, sin resolver, por tanto, el punto clave de mi duda, que es el porqué gusta especialmente la escena de la eyaculación en la cara -y no en otra parte del cuerpo, por ejemplo).
Otro punto genial en el razonamiento de laluzenmi es la conexión que hace con el acto religioso de hisopear (el hisopo es el utensilio usado en las iglesias para dar o esparcir agua bendita): el acto de eyacular en la cara de la mujer sería una forma de bendecirla, de purificarla, de exortizarla…
Llegados a este punto, las conclusiones a las que nos llevan nuestros comentarios debieran, cuando menos, intranquilizarnos…
Me explico.
A mi me gustan las mujeres (en el más amplio sentido del término). Las respeto y admiro, muchas veces más que a los propios hombres. De hecho, siempre he conectado bien con ellas (a diferencia de lo que les sucede a muchos hombres que, según dicen, “no las entienden”).
Y, sin embargo, a mi sí me gusta ese “final”...
¿Cómo no escandalizarse, entonces, ante nuestra explicación? ¿Existe agazapado en nuestro código genético (o donde leches esté) esa presunta “garrapata/secuencia de comandos” heredada de aquella época vivida por nuestros primeros antepasados, en la que impulsos como la violencia y la dominación reinaban sobre todas las cosas? ¿Quedaron entonces grabadas en nuestro inconsciente, hasta formar parte de nuestro propio ser, nuestra esencia, y “reviven” en nosotros hoy cuando vemos estas imágenes?
En definitiva, pese a la evolución que hemos experimentado como raza, pese a que presumimos de inteligencia como principal arma de supervivencia, pese a la transmisión de los valores que nos inculca la cultura que heredamos, pese a todo ello, ¿forma todavía parte de nosotros ese afán de dominación agresiva que se manifiesta en excitación sexual al contemplar un latigazo o bofetada sobre la cara de una mujer…?
Posiblemente...
Por otra parte, asumiendo que esta teoría es cierta (a mi, por ahora, es la única que de alguna manera me parece consistente), se supone que igualmente debería existir (también agazapada, pero esta vez en el código de las mujeres) una “secuencia” que, procedente de esa misma época primitiva, produciría un impulso, una atracción de la mujer por el hombre dominador, de aquel hombre seguro de si mismo, que controla la situación y, en última instancia, la somete a sus deseos (a la situación, y a la propia mujer, claro...).
En esta línea, Maite incluso admite que la mujer, por lo general, canaliza su atracción por el poder a través del hombre poderoso, más que por si misma. Tal vez esta sola idea responda a mi otra pregunta de si no existe una traslación al campo del sexo de una manifestación femenina de ansia de poder: evidentemente, si el ansia de poder femenino es más "mediato" (a través del hombre) que "inmediato" (a través de si misma), dificilmente puede haber una práctica sexual que despierte en las mujeres impulsos equivalentes a los que experimentamos nosotros al ver las imagenes que nos "atraen".
Pfff…
No puedo más...
Me he agotado...
Estoy seco…
Ni latigazo, ni leches...
Pero ante todo...
GRACIAS!!

Muy bien contruido y reflexionado, creo que ya no hay más que añadir o analizar .
Saludos.
Gracias, Eli, yo también me he quedado más tranquilito...
Un abrazo!
Magnífico. que tiemble Lorena Berdún, que allá vamos...
Coincido. Estupenda síntesis. Y yo creo que con conclusiones muy acertadas, hasta dónde he llegado a reflexionar.
Llevamos una carga genética mucho más fuerte de lo que pensamos; es así desde que nacemos. Tratamos de disfrazarla con actitudes de evolución, pero faltan muchos siglos para que esas actitudes se impregnen realmente en nuestros genes y los hagan mutar. Esa carga es la que lleva las claves que hasta no hace mucho (en lo relativo que es el tiempo) nos han hecho sobrevivir como especie. El recién nacido, que esencialmente es igual ahora que hace mil años, llora genéticamente programado para que le cojan en brazos y lo abriguen (y así no quedar expuesto a peligros como fauces o frío), necesita el contacto con su madre por el mismo motivo, y quiere dormir entre sus progenitores para ahuyentar el peligro de la soledad y atraer el calor. Hoy, su carga genética sigue siendo ésa, y la de su madre también. El impulso natural, animal, de la madre, es cogerlo y no dejarlo llorar (el llanto atrae -atraía- enemigos). Y se ha comprobado que el sonido del llanto de un recién nacido es más exasperante, oído contínuamente, que la más insistente de las alarmas, en particular para su madre; precisamente para generar esa necesidad de cogerlo y así hacerlo callar (y con ello, sobrevivir). Nota: todo esto no es cosecha mía, lo leí, pero lo comparto plenamente... Y, en esa misma línea, la mujer, naturalmente más débil (físicamente hablando) que el hombre, y necesitada particularmente de él para su supervivencia durante largos periodos (como la gestación y los meses posteriores), se siente naturalmente atraída por el hombre con poder, con fuerza, con vigor (siempre situándonos en el origen de nuestra carga genética, que subyace). De aquí, es fácil seguir por derroteros sobre porqué la mujer desarrolla "artimañas" para conservar a ese hombre (la famosa "putería" que se nos achaca, frente a la "simplicidad" del hombre, o esa mania de querer "pescar"), porqué entonces el hombre se hace el "remolón" (es deseado por todas), etc. etc....
¿Seguimos...?
Uf, yo también estoy exhausta... pero me ha encantado toda esta tertulia telemática. Desde luego, me ha hecho (y me sigue haciendo) pensar...
Besos a todos/as!!
Como se nota que eres un gran escritror,lo llevas en tus raices.
Un cariñoso abrazo
Estreno logo, pásate a verlo.
Me lo hizo un colega.
Deuuu.
Esto no funciona
Fantasía según la RAE:
"Facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales."
Opinión:
Creo que esta fantasía sexual, como otras, trata de engrandecer o jugar con todo lo relacionado con nuestro cuerpo sensible, dependiendo de nuestra memoria sensorial y cultural. En el caso de los hombres más centrado en los genitales porque se ve como algo mágico o con vida propia. Y por eso nos excita ver como juegan con un producto que además ellas tienen el poder de favorecer. Así como puede que a ellas les excite igual la sensación de nuestra lengua en su zona anal. Ambas cosas se ven como algo sucio(recuerdo la expresión "bésame el culo").
¿Porqué precisamente ese final es el que tiene más éxito? Pues me parece igual que otra pregunta: ¿Porqué a las mujeres les gusta pintarse y a una mayoría de hombres(yo NO incluído) verlas pintadas(transformadas con capas opacas de colores)?
Pues creo que la forma en la que el semen toma mayor protagonismo para la "supuesta mayoría" de hombres es en la cara porque es la parte visible más vista y expresiva. Desgraciadamente al hacerlo se le da una importancia mayor(dominio: innato o aprendido?) a nuestro producto final que a la cara de la mujer(para mí la parte más valiosa de las personas).
Nota:
Yo seré de los pocos que no le gusta ver ese fin. Sin embargo por supuesto que tengo otras fantasías, como por ejemplo recuerdo que de pequeño tenía algunas que trataban de subordinación.
Creo que también en esas películas suele estar desequilibrado el tiempo que la mujer emplea en el hombre con el tiempo que el hombre emplea en la mujer. A mi por lo menos me excita igual o más ver el sexo oral del hombre a la mujer.
Un abrazo,
Carlos
Gracias, Carlos, espero seguir contando con tus comentarios!
Un abrazo!