Padre de familia.

Maduro.

Responsable.

Trabajador.

Serio.

Qué se yo.

Posiblemente el traje ayude. También las canas que asoman imperceptiblemente, o las patas de gallo que sonríen ya conmigo en cada mueca.

O a lo mejor ni siquiera engaño a nadie...

Salgo de trabajar y entro en el coche. Silencio. Enfilo la M-30. Acelero. Pongo el CD. Subo el volumen a lo bestia y suena ésto.

Me meto en cada nota, en cada compás, en cada sonido. Mierda, quién pudiera estar con una copa en la mano, oyendo esto mismo con unos cuantos decibelios más. Siete minutos de éxtasis. Vuelvo a poner la misma canción una y otra vez. Es como una buena ensalada: cada ingrediente aparece en el momento oportuno hasta convertir el plato en algo redondo pese a la variedad. Nunca me ha atraido el house (si es que es ese el estilo correcto). Compruebo que, como siempre, lo único importante es que el artista tenga oficio. Mojo Project, la canción Could You, y el CD Taste The Mojo.

Llego a la urbanización. Freno ante la puerta del garage. Los cristales retumban. Miro por la ventanilla y veo que el vigilante me levanta una ceja. Le dedico media sonrisa y asomo la mano.

Desciendo a las profundidades, ya feliz, entregado. Plenamente recuperado.