He aceptado enfrentarme a un grupo de jóvenes de 14 años en un colegio público de Madrid bajo un programa de voluntariado. El objetivo del programa es animar a los jóvenes a que no dejen los estudios.
He vuelto la mirada atrás para tratar de ponerme en situación y entender cómo piensan hoy los jóvenes de esas edades: si tengo que hablarles, tendré antes que saber cómo llegar a ellos. Sin embargo, advierto con desesperación que ya no me acuerdo de cómo era yo a mis 14 años, de lo que pensaba, de lo que quería, de lo que sentía a aquella edad. De repente, una etapa de mi vida por la que yo mismo había transitado, lenta, parsimoniosamente, en sintonía con la forma en que transcurre el tiempo en ese momento de la vida, quedaba cerrada a mi propio querer entender; un bloque de hormigón entre mi cerebro y mi deseo de comprender, mi capacidad de recordar...
Busco entre mis recuerdos, mis papeles. Descubro un cuaderno pequeño azul, y al abrirlo leo:
"Hoy, dia de mi cumpleaños empiezo un diario, a mis 14 años. Me he levantado como casi todos los días a las 8:15 y nada más despertarme..."
El diario continúa durante todo un año. Parece mentira, había olvidado por completo su existencia. Y pienso en él, en lo terrible que es el olvido, en lo personal, en lo colectivo... Es evidente, escribir nos salva.
Finalmente dí aquella clase...

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... y me quedo con esta
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