La educacion del carácter
LA EDUCACIÓN DEL CARÁCTER
Resumen de ideas tras la lectura del libro
La educación del carácter propone que eduquemos a nuestros hijos en los grandes valores y virtudes humanas.
El libro cuenta la experiencia de la educación del carácter en colegios Norteamericanos, en los que tales valores son explicitados de forma clara, tanto en asignaturas (o parte de ellas) en las que específicamente se tratan esos temas, como indirectamente a través de himnos, lemas, concursos, etc. Sin embargo, me sorprende que sea precisamente en Estados Unidos donde haya que mirar para encontrar referencias de un movimiento de la educación del carácter: ¿no es Estados Unidos el paradigma de la libertad y del individualismo?, ¿no es la americana una sociedad especialmente desarraigada y desenraizada, en la que la familia brilla por su ausencia? ¿O es precisamente por ello por lo que allí surge, y en realidad lo que demuestra es fuerza e inteligencia de una sociedad que reacciona ante sus propios defectos?; ¿no es al fin y al cabo inteligente centrar esfuerzos y recursos en lo más valioso -nuestros hijos- y un signo de vitalidad saber discutir y compartir unos valores, principios y virtudes, y aceptarlos comúnmente?
Simplificando, educar el carácter significa educar la cabeza, el corazón y el comportamiento. Educar la cabeza es desarrollar la aptitud para comprender lo que me rodea, elegir algo bueno y después hacerlo, en todos los ámbitos de la vida, en definitiva, ayudar a adquirir una buena "sabiduría práctica". Educar el corazón significa sentir amor hacia lo bueno y rechazo hacia lo malo, ya sea mío o del prójimo (empatía). Educar el comportamiento significa enseñar a hacer bien las cosas, ir paso a paso, con fe, con constancia (a través de hábitos, rutinas) para poder terminar consiguiendo lo que se quiere hacer.
¿Hay educación del carácter en España? Yo diría que en absoluto; al menos no en el sentido que creo que interesa: una cosa es que en nuestras casas, o en las aulas, nuestros hijos sigan, por imposición de los padres, del centro o de los profesores, unas determinadas normas de comportamiento comúnmente aceptadas (no empujarse, no gritar, respetar turnos, etc.), y otra muy distinta entender la importancia de valores tales como el respeto, la constancia, el esfuerzo o la generosidad. No es lo mismo imponer unas reglas dirigidas a crear un hábito de comportamiento que indirectamente apunta a una virtud que explicitar tal virtud y hacerla comprensible a nuestros ojos y los de nuestros hijos. Definir es entender, y enseñar entregar herramientas para utilizar lo que se aprende. Para empezar, ¿sabemos los adultos definir nuestros grandes valores y virtudes? Si la respuesta es que no, difícilmente podremos enseñar nada útil al respecto a nuestros hijos o alumnos. El libro recoge al final una referencia a la experiencia en colegios españoles y deja caer -si me equivoco, que alguien me corrija por favor- que, en la práctica, la educación del carácter está presente en España. Mi sensación es la contraria: no puede decirse que se enseña algo que ni siquiera se sabe expresar -a las entrevistas que vienen al final del libro me remito.
Una referencia muy interesante en el libro es la que se contiene en el capítulo del papel de los padres en la educación del carácter, la transcribo completa por su interés:
"Nunca en la historia ha ocurrido que una sociedad se destruya a si mismo, y esto es lo que está ocurriendo en estos momentos en muchas naciones porque parece que se ha olvidado el trascendental papel que juegan las familias en el desarrollo social, y otras instituciones, públicas o privadas, tratan de suplirles en sus obligaciones (...) Las instituciones públicas tienen demasiada influencias y nos enseñan cómo se debe actuar en cada momento, de manera que, al final, las familias acaban perdiendo su verdadero papel de protagonistas en la sociedad pues todo se lo dan hecho y, además, de manera gratuita.
Ante esta situación actual es frecuente que muchos padres abdiquen de la principal tarea como educadores de sus hijos (y la deleguen) en los colegios y en las parroquias. Por eso, cuando surgen los problemas no los asumen como algo que les incumbe directísimamente, sino que más bien tratan de quitarse esta responsabilidad delegándola en otras personas, en lugar de asumirla personalmente. Por eso resulta frecuente que cada vez surjan, en la sociedad actual, nuevos programas y se preparen personas especializadas en dichas cuestiones familiares, fuera del propio ámbito de la familia.
Este modo de proceder ha provocado muchos de los problemas actuales y han hecho que la sociedad se convierta en un "gran hospital" con la necesidad de solucionar todas las dificultades que la familia no sabe acometer. Se acude continuamente a los psiquiatras, psicólogos, educadores, asistentes sociales, para buscar las respuestas que los padres no pueden o no saben dar a cuestiones que aunque no son complicadas, ellos se sienten incapaces de resolver por si mismos".
La pérdida de referencias morales básicas está en la base de la desorientación que sentimos porque, tanto individual como socialmente, hemos perdido la guía que supone saber lo que está bien y lo que está mal. Muchas deben ser las causas de esta pérdida de referencias en cuanto a principios y valores comunes, pero posiblemente la más importante radica en la pérdida de la función "moralizadora" de la familia. Aunque esto no lo dice el libro, creo que en países como España tal función era pura religión: en una sociedad esencialmente pobre y débil intelectualmente la familia era la base de un mero acatar ciertos principios que venían impuestos por la religión -no discuto ahora que esos principios fueran buenos o no, tan solo me centro en el hecho de que existían. Por otra parte, haber entrado en esta dinámica de crisis de la familia puede ser también positivo: ¿no vivimos ahora la oportunidad de redefinir dichas referencias morales, las virtudes en las que creemos y que queremos que definan nuestro comportamiento y el de nuestros hijos en el futuro al margen de la religión?
Dos puntos más que me han interesado del libro:
a) El programa CORE VIRTUES adoptado al parecer en 400 colegios americanos, y que consiste en un método de enseñanza basado en hablar de una virtud cada mes, tanto en el colegio como en la familia, con lecturas de apoyo -buena literatura infantil o juvenil- en las que tales virtudes sean resaltadas. Me parece una idea tan buena que me gustaría probar en casa: qué mejor manera para un niño que aprender las características de una virtud leyendo historias de héroes o personas que las encarnaron.
b) Las consideraciones finales: maravillosa lección sobre la utilidad del fracaso en la formación del carácter, sobre su gran potencial de cara al éxito personal. Los educadores tiene la grave responsabilidad de enseñar a pensar y animar a hacerlo continuamente a sus alumnos para evitar el riesgo de "borreguismo", de que nuestros hijos hagan las cosas porque las hacen los demás (es decir, para no pensar). Con ello, también para que asuman las consecuencias del fracaso. Nadie puede decir que no fracasa nunca, o que fracasa pocas veces, sino que el fracaso va ligado a la limitación de la condición humana; por eso, quienes triunfan en la vida no es porque no fracasen, sino porque han aprendido a superar esos pequeños y constantes fracasos. Triunfar es aprender a fracasar y, por el contrario, el mayor de los fracasos es dejar de hacer cosas por miedo a fracasar.

/>
/>

... y me quedo con esta